Colombia: hora de hacer cambios estructurales

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En los últimos años Colombia ha mostrando indicadores económicos que están batiendo récords históricos; sin embargo éstos no son el producto una gestión extraordinaria de los Gobiernos recientes, si no que son el resultado de la coyuntura económica y financiera global que ha beneficiado a los países de América Latina en general. En este documento mostraré las cifras que comprueban que Colombia está moviéndose por la inercia de la economía mundial y señalaré qué cambios estructurales se deben llevar a cabo para aprovechar la bonanza con el fin de que el País pueda tener la garantía de un crecimiento sostenido en el largo plazo.

Las cifras más recientes de la economía colombiana han sido sorprendentes y han creado un ambiente optimista en materia de negocios, como también han generado confianza en la gestión del presente Gobierno; y no es para menos pues:

  • Las exportaciones, al 30 de noviembre de 2011, ascendieron a 51.179 millones de dólares, lo que significa un aumento del 42,3% frente al mismo período del año 2010 cuando la cifra se ubicó en 35.973 millones de dólares
  • La inversión extrajera directa se situó en 14.400 millones de dólares al cierre del 2011, según el anuncio realizado por el Presidente de La República, lo que equivale a un incremento del 58% en comparación con el año 2010.
  • La proyección del crecimiento del PIB para el año 2011, según el Banco de La República está entre el 5,6% y 6% contra un incremento del 4.3% en el año 2010.

Podría pensarse que el auge por el que pasa nuestro país es un buen indicador del potencial que tenemos para desempeñarnos cómodamente con la entrada en vigencia del TLC con Estados Unidos, inclusive se podría suponer que Colombia es una potencia exportadora en la Región. Sin embargo, es necesario analizar las circunstancias que han llevado a nuestro país a mostrar los tan alentadores datos económicos que nos han hecho sacar el pecho y sentirnos orgullosos, para que no nos subamos a la nube y mantengamos los pies en la tierra.

Inicialmente debemos anotar que el gran aumento de las exportaciones colombianas obedece principalmente al apetito del mercado mundial por las materias primas y no necesariamente al desarrollo de nuestra oferta exportadora. Podemos evidenciar esta situación al observar que entre los productos con mayor dinamismo se encuentra el petróleo y sus derivados con un incremento del 68,5% y el carbón con el 36,4%.

Como vemos, nuestra principal fuente de crecimiento se debe a un fenómeno global que beneficia a los países proveedores de materias a primas a economías como China e India que, en los últimos años, han mantenido una alta demanda de petróleo, hierro, acero, cobre, soya y otros productos agropecuarios y para los cuales América Latina es un abastecedor por naturaleza. En el 2000, China y los países del Asia-Pacífico sólo captaban el 6,1% de las exportaciones latinoamericanas, cifra que subió a 24,9% en el 2010, según publicaciones de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal). En ese orden de ideas, resulta preocupante, y no solo para Colombia, que el modelo de comercio con China convierte a los países latinoamericanos en vendedores de materias primas y compradores de productos de manufactura.

Alicia Bárcena, Secretaria Ejecutiva de la Cepal, anota “Dejamos entrar inversión extranjera, lo cual está bien, para poner plantas y explotar nuestros recursos, pero es importante reflexionar sobre si también deben incrementarse las tasas fijas (de impuestos por explotación) para retener algo, porque estamos exportando las ganancias de productividad junto con el recurso natural”. Actualmente la región tiene el 10 por ciento de las reservas mundiales de petróleo, más del 40 por ciento de los yacimientos de cobre y plata y más de la cuarta parte de la tierra cultivable.

En el corto plazo es totalmente positivo que el ritmo de China sea alto y sostenido, pues directamente seremos unos de los países más beneficiados en materia de exportaciones; sin embargo es notoria la dependencia de los países suramericanos con los asiáticos. En estos momentos se podría decir que los unos y los otros son economías complementarias pues una produce las materias primas que la otra necesita, pero sus relaciones comerciales son asimétricas; China compra materias primas y tierras para abastecerse, pero simultáneamente llena los mercados latinoamericanos de sus productos manufacturados a un precio tan barato con los que la industria de la región no puede competir, lo cual está afectando cada vez más a las pequeñas y medianas empresas latinas.

En este sentido, la economía colombiana, tiene un riesgo en el mediano y largo plazo que está atado a una desaceleración de China que reduzca su demanda de materias primas, lo que plantea retos a los Gobiernos actuales consistentes en aprovechar la bonanza de la forma más eficiente posible e introducir cambios estructurales que permitan soportar con pocos traumatismos la eventual pérdida de la gallina de los huevos de oros. Cierto es que para los gobernantes es cómodo encontrarse favorecidos por esta coyuntura y presumir de crecimientos elevados en comparación con Estados Unidos y Europa, pues crecer con la venta de materias primas sin elaborar es el camino más fácil, pero la verdadera gestión del poder ejecutivo colombiano debe reflejarse en una organización de la economía que permita desligarse de la materia prima para su sostenimiento en el largo plazo.

En mi opinión, Colombia debe trabajar prioritariamente en los siguientes aspectos:

  • Diversificación de la oferta y destinos de exportación

Según el DANE, el aumento en el volumen de las exportaciones no tradicionales, es decir, aquellas diferentes de los productos básicos (materias primas), fue el 18% a Noviembre 2011. Este incremento es sin duda positivo, sin embargo es muy inferior al de los productos básicos (56%). La gestión del Gobierno debe encaminarse en fortalecer los sectores económicos no tradicionales a fin de tener una oferta comercial mucho más diversa que le permita al país ser más versátil internacionalmente, con el accesorio de que éstas industrias generan proporcionalmente mayor empleo e ingresos fiscales.

Según el Fondo Monetario Internacional (FMI) varios países de América del Sur (Argentina, Brasil y Uruguay) han diversificado su estructura de exportaciones hacia productos que no son primarios, aunque esta diversificación no ha ocurrido en el caso de los grandes exportadores de metales o energía (Chile, Colombia, Ecuador, Perú y Venezuela).

En este sentido, es necesario anotar que ante el TLC con Estados Unidos los sectores que pueden tener un mayor potencial para aprovechar el acuerdo, se están quedando rezagados. Adicionalmente, nuestro rezago también se evidencia si nos comparamos con otros países de la región que han suscrito acuerdos con este país.

Actualmente México, Chile y Centroamérica exportan muchísimo más que Colombia al mercado estadounidense en sectores clave como alimentos, bebidas, textiles, confecciones, cueros, petroquímica y metalurgia.

La potenciación de los sectores más vulnerables puede ser realizada a través de estímulos fiscales o en la medida de lo posible, de subsidios e inversión directa del Estado, como se ha hecho anteriormente para las empresas del sector minero y de combustibles.

Adicionalmente, la dependencia de Colombia del comercio con Estados Unidos y China trae consigo un riesgo la hace sensible al comportamiento económico de estos países y más aún cuando, según información de la Cepal, los precios de las materias primas en el segundo semestre del 2011 empezaron su tendencia a la baja.

Desde ese panorama el Gobierno Colombiano se ha esforzado en conseguir nuevas alianzas estratégicas para fortalecer las relaciones comerciales con otras naciones, suscribiendo acuerdos con la Unión Europea y actualmente está gestionando negociaciones con los gobiernos de Corea, Panamá, Turquía e Israel.

Se hace necesario entonces la consolidación de las negociaciones en curso, así como la exploración de nuevos destinos para los productos nacionales, esto con el fin de mitigar los riesgos de dependencia de mercados externos y dar un empuje a la industria.

  • Plan de Ahorro e Inversión que favorezca la competitividad

Alicia Bárcena, Secretaria Ejecutiva de la Cepal, considera que los países de la región deben también aprovechar la bonanza en los precios de las materias primas para “tener un plan claro de ahorro e inversión, que es donde América Latina tiene las principales falencias”. Según ella, el mejor destino para las ganancias de los recursos naturales son el capital humano, la educación y la innovación.

Vale la pena anotar que los más recientes informes de la Cepal indican que el coeficiente de inversión es insuficiente en América Latina y el Caribe para sostener altas tasas de crecimiento. Los principales rezagos están en infraestructura. Adicionalmente, la inversión en América Latina y el Caribe no solo es altamente volátil, sino que además en las fases expansivas del ciclo económico no logra recuperar la intensidad de su caída en la fase contractiva. La inversión privada ha sido poco dinámica y la pública ha ido declinando.

En América Latina la formación bruta de capital fijo representa cerca de 20% del producto interno bruto (PIB), mientras que en algunos países de Asia Pacífico alcanza a 40%.

Colombia no escapa a los indicadores mencionados, es por esto que se hace imperativo orientar los recursos e incentivar la inversión de modo que se destinen, en una mayor proporción que la actua, a mejorar la infraestructura, aumentar la investigación, ciencia e innovación, a promover instituciones bancarias para el desarrollo y a fomentar matrices más limpias desde el punto de vista ambiental.

  • Gestión Social

Según indica el informe de Perspectivas de la Economía Mundial — Septiembre 2011 del Fondo Monetario Internacional “los elevados precios de los alimentos subrayan la necesidad de que muchas economías emergentes y en desarrollo tiendan redes de protección social bien focalizadas”.

En Colombia para el año 2010 está ubicada en el 37,2% y la pobreza extrema en el 12,3% y a pesar que en la última década ha descendido gradualmente, el indicador sigue siendo bastante lamentable. La cobertura de la educación superior en el año 2010 fue tan solo del 37,10%, lo que indica que la mayor parte de la población colombiana tiene una preparación básica para enfrentar el mercado laboral. Adicionalmente, la tasa de desempleo al cierre del 2011 fue del 9,8%, cifra que demuestra el largo camino que tiene por recorrer el País en este frente.

Y es que la política fiscal debe contribuir al crecimiento económico de largo plazo mediante inversión estable en capital físico, humano e innovación, pero también debe tener un enfoque de equidad, lo que se traduce una estructura impositiva progresista, es decir que la mayor carga tributaria la tengan aquellos que generen mayores ingresos y sea gastado en los que menos generan.

Es necesario y absolutamente viable que desde ya el Gobierno haga un uso eficiente de los recursos adicionales que está generando la coyuntura y la vez establezca mayores gravámenes para las transacciones de los productos básicos beneficiados con la demanda de los países asiáticos, siempre y cuando su destinación sea ejecutada en fortalecer la industrialización e incrementar el gasto en educación, investigación, innovación, salud pública y medio ambiente, de modo que los buenos indicadores económicos que tanto presume el poder ejecutivo se traduzcan en calidad de vida para los colombianos en el largo plazo.


Recuerde que Peña Molina & Asociados tiene un equipo de expertos dispuestos a apoyarlo y acompañarlo en asuntos contables, financieros, tributarios y de control interno, para lo cual podrá contactarnos al correo: info@pma.com.co.

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